Colmenar Viejo tiene mucho que decir en una de las operaciones de recuperación más llamativas que ha vivido la aviación militar española en los últimos años. Los tres helicópteros del Ejército de Tierra que un vendaval repentino tumbó en una base estadounidense en junio ya están de regreso en España, y las reparaciones más profundas pasarán por las naves del Parque y Centro de Mantenimiento de Helicópteros de nuestro municipio.
Lo ocurrido en Carolina del Norte
La jornada del 14 de junio de 2026, una tormenta eléctrica descargó sobre la estación aérea de New River, junto a la base de los Marines en Estados Unidos, una ráfaga de viento de una violencia inusual. Aquella bocanada arrasó la plataforma de aparcamiento y tumbó dos helicópteros de ataque Tigre y uno de transporte Cougar de las Fuerzas Aeromóviles del Ejército de Tierra (FAMET). Los aparatos estaban estacionados, sin nadie a bordo, a más de 6.000 kilómetros de casa. Lo mejor de todo: no hubo que lamentar heridos.
¿Qué hacían allí?
Los helicópteros acompañaban al Despliegue Atlántico 26, la operación que a mediados de junio trasladó a la costa este estadounidense el buque Juan Carlos I, el de asalto Castilla, dos fragatas y el aprovisionamiento Patiño, de acuerdo con el Estado Mayor de la Defensa (EMAD). Unos 700 infantes de marina desembarcaron en Camp Lejeune, en Carolina del Norte, para entrenar junto a sus homólogos estadounidenses, mientras los helicópteros aguardaban en la cercana estación de New River. Todo formaba parte de la preparación del ejercicio FLEETEX 250, que del 16 al 28 de junio reunió a fuerzas de 17 países. España fue el único aliado al mando de una de las siete agrupaciones, con más de 3.000 militares bajo sus órdenes.
El culpable: un microburst
El fenómeno responsable responde a un nombre en inglés, microburst. Se trata de una columna de aire que se desploma desde la nube de tormenta y, al estrellarse contra el suelo, se expande hacia los lados con una fuerza enorme. El Laboratorio Nacional de Tormentas Severas de Estados Unidos detalla que estas corrientes no superan los 4 kilómetros de anchura y apenas viven entre cinco y diez minutos, pero sus rachas pueden rebasar los 160 km/h y soplan en línea recta, sin el giro característico de un tornado. Su tamaño reducido y su brusquedad los hacen casi imposibles de anticipar: según Defensa, el servicio meteorológico estadounidense no llegó a emitir aviso alguno.
Dos Tigre y un Cougar, en el taller
La pérdida temporal no es menor. El Tigre, con dos pilotos, cañón de 30 milímetros, cohetes y misiles, y una velocidad punta cercana a los 324 km/h, forma una flota de solo 18 unidades, de modo que tener dos fuera de servicio pesa algo más de un 10 por ciento. El Cougar, denominado HT-27, es el transporte de tropas: 24 soldados además de sus tres tripulantes. El viento dañó las palas de los tres aparatos, aunque la primera valoración sobre el terreno ya concluyó que los tres merecían ser reparados.
El regreso y el papel de Colmenar Viejo
El viaje de vuelta se organizó por separado: el Cougar cruzó el Atlántico en un avión A400M del Ejército del Aire y del Espacio, mientras los dos Tigre regresaron embarcados en el Juan Carlos I. Antes de que terminara el verano, los tres estaban en España. Ahora toca pasar por los distintos escalones de mantenimiento según la gravedad de cada avería, y ahí aparece el nombre de nuestro municipio: las intervenciones más profundas en estructuras y sistemas se realizan en el Parque y Centro de Mantenimiento de Helicópteros de Colmenar Viejo, que atiende entre otros al Cougar. Si los talleres convencionales resuelven lo cotidiano, aquí se habla de abrir los equipos hasta el último componente, como quien pasa de la revisión rápida al desmontaje integral del motor. Por ahora, el Ejército no ha adelantado plazos de retorno al servicio ni cuánto costarán los arreglos.
Una flota en plena transformación
El susto llega además en un momento delicado. El Ejército está sustituyendo sus veteranos Cougar por el nuevo NH90, y los Tigre aguardan el programa MkIII, puesto en marcha en 2022 por Francia y España: electrónica renovada, sensores mejorados y capacidad de cooperar con drones, con parte del trabajo en la planta de Airbus de Albacete. Tierra apunta que esa modernización arrancará en 2028. Con una flota tan ajustada, cada aparato cuenta, y por eso devolver estos dos al vuelo importa tanto.
Para Colmenar Viejo, la lectura es clara: el trabajo técnico que se realiza en nuestro centro de mantenimiento vuelve a ser pieza clave de la Defensa nacional, esta vez para devolver al aire tres helicópteros que vivieron un mal trago a miles de kilómetros de casa.


