Un despertar con historia: los bueyes toman las calles
Las fiestas de nuestro querido municipio ya tienen fecha de inicio oficial, y lo han hecho de la manera más auténtica posible. Nada de discursos interminables o protocolos fríos; en Colmenar Viejo preferimos que sean los protagonistas de nuestra historia ganadera quienes den la bienvenida a estos días de celebración. La tradicional trashumancia de bueyes ha recorrido nuevamente nuestras calles, marcando el pistoletazo de salida de un programa festivo que promete emocionar a grandes y pequeños.
El espectáculo ha sido mayúsculo. Una comitiva formada por más de cuarenta jinetes ha tenido la difícil pero gratificante tarea de acompañar y dirigir al ganado durante todo el trayecto. No es una labor sencilla mantener el orden entre los animales mientras se avanza por la vía pública, pero la experiencia de estos caballistas ha hecho que todo fluyera con naturalidad hasta llegar a su destino final: la plaza de toros. Allí, el ambiente era eléctrico horas antes de la llegada, con numerosas familias ocupando sus sitios privilegiados para no perderse ni un detalle del paso de los animales.
Una costumbre que une generaciones
Para muchos vecinos de Colmenar Viejo, este evento no es simplemente un acto protocolario, sino una cita ineludible en el calendario familiar. Hay quienes aseguran que no se lo perderían por nada del mundo, describiéndolo como esos momentos que uno atesora y disfruta plenamente. Es fascinante observar cómo esta tradición se ha convertido en un legado vivo que pasa de padres a hijos, creando un vínculo emocional con nuestras raíces que perdura año tras año.
Esta recreación de la trashumancia lleva celebrándose desde hace aproximadamente dos décadas. Su objetivo es muy claro: traer al presente el pasado ganadero que definió la identidad de nuestro pueblo. Antaño, el movimiento de vacas de un lugar a otro era parte de la rutina diaria y la economía local; hoy, revivimos esa esencia para recordar de dónde venimos mientras celebramos el presente.
Seguridad y tradición a caballo
El papel de los jinetes es fundamental no solo por el valor escénico, sino por la seguridad del evento. Durante todo el recorrido, se han encargado de mantener a los bueyes dentro del itinerario establecido, asegurándose de que no se aproximasen demasiado al público que llenaba las aceras. Para muchos de estos participantes, montar a caballo y gestionar el ganado es una habilidad aprendida prácticamente desde la cuna, fruto de toda una vida vinculada al mundo equino y al campo.
Una vez que los animales llegaron a su destino en la plaza, la jornada no hizo más que comenzar. La mañana dio paso a un ambiente festivo continuo con música en directo que animó a los asistentes. Además, la organización dispuso de puestos de comida para reponer fuerzas y una amplia variedad de actividades infantiles. Los más pequeños pudieron disfrutar de pintacaras y juegos diseñados especialmente para ellos, garantizando que las familias pudieran pasar un día completo de ocio sin preocupaciones.
En definitiva, esta mañana ha servido para que Colmenar Viejo vuelva la mirada hacia sus raíces antes de lanzarse de lleno a la vorágine de las fiestas. Es el recordatorio de que, detrás de la diversión y el bullicio, existe una historia profunda que nos define como comunidad. Si aún no has vivido la experiencia de ver a los bueyes desfilar entre nuestras casas, te animamos a que te sumes a los próximos actos y descubras por qué esta tradición sigue tan vigente como el primer día.


